La música: medicina y orígen     

Los indígenas Kogi Wiwa no pueden concebir un día sin música.

La música para ellos es esencia. ¿Por qué? Porque es nuestro vínculo directo con el mundo espiritual del que nosotros provenimos. También es el instrumento gracias al que nos comunicamos con los seres eternos espirituales que son nuestros guías.

Para los indígenas, existe un lugar llamado Aluna o Sikun. Desde allí fuimos mandados a nuestro hogar, la Tierra.

Allí residen seres que están conectados a nuestra tierra madre y que cuidan sus bases espirituales. Cada elemento, cada ser (vivo o inerte) tiene su fundamento, sus raíces, sus bases, su código, en ese mundo.

Cuando se formó nuestro mundo, primero se formó en pensamientos. Estos seres, espíritus guardianes de cada elemento, imaginaron el mundo. Hasta el último detalle de cada cosa que iba a existir. Cuando hubieron concebido todo lo que debía estar en la Tierra, llegó la fase final.

Todos los seres cantaron. Cantaron y tocaron. La música materializó al mundo. Cada ser, cada elemento, tenía su propio canto. Cada espíritu cantó cientos y miles de cantos para que cada cosa en el mundo se pudiera materializar.

Así se creó el mundo.

Y hoy, los pueblos indígenas poseen los códigos de cada elemento. 

Con la música curan los elementos de la naturaleza. Todo es frecuencia y vibración. Los cantos sanan las energías que están desequilibradas, daňadas. Ellos dicen que sanan las enfermedades de las plantas, de los animales, del fuego, de la tierra…

Sin música y sin baile no conciben la vida. Estamos vivos porque cantamos y bailamos. Así mantenemos el equilibrio de cada cosa y cada ser.

Desde Aluna Sé, Sintana y madre Nameuan, organizaron los 18 pensamientos base (básicos), para que todo pudiera funcionar en el mundo material y que se pudiera cuidar todo. Seukukui y madre Kwan crearon a los pájaros y les enseňaron la música, para que los pájaros pudieran cantar a los alimentos, al aire, a los elementos de la naturaleza. Los pájaros cumplen la Ley del Orígen. Tienen momentos en los que cantan y momentos en los que meditan.

La humanidad olvidó esta música del orígen aunque todavía existen lugares donde se mantiene (quizás en tribus de aborígenes nativos de África o de Australia, de Asia…). Con estos cantos y esta música, cantamos a las flores, las plantas, los animales, los insectos, al sol, al mar, a las estrellas, al trueno, a la lluvia...a todo lo que existe. Así nivelamos y curamos las tres energías de los elementos, sanamos el agua, reducimos las catástrofes naturales y las malas cosechas. Esta música es irremplazable, de ella emana la energía que une todo. Un tocador de instrumento es un guía espiritual. Todos los elementos básicos vinieron con música. Serankua y Saineken terminaron de arreglar la ley de todos los elementos básicos. 

Aluna Sé les dijo: "Háganlo en lo material y comuniquen cómo se va a tener que cuidar todo." Serankua y Saineken llamaron a Bunkuasé, a Kuažiuman, para que todo se materializara. Pero no se podía materializar. Buscaron a ver en Zhatkua, Kasitkua, en Kuina, en Ruama y vieron que necesitaban música. Porque gracias a la música, se iba a curar y purificar todo. Hasta el más ínfimo insecto debía tener música para curar el alimento que consume. Llamaron a Abu Ruabisama, buscaron a jate Matuna para que cantara la música, para que tocara un código para cuidar los árboles, las piedras, el sexo, la semilla. Todo tenía que tener música. Abu Ruabisama cantó toda esta música y así se materializó todo. Aluna dijo: "No van a olvidar la música que viene unida con la Ley de Sé, con la Ley de la creación. Si olvida esa Ley, ese cumplimiento, su territorio no será nada. No va a cuidar nada."